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Jean-Luc Lagarce

France – 1957 - 1995

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Trayectoria de Jean-Luc Lagarce

Cuando murió Jean-Luc Lagarce (de sida) el 30 de septiembre de 1995, era conocido como director pero desconocido aún como autor. Varias de sus obras habían sido representadas con éxito pero otras permanecían en el cajón o eran incomprendidas. Su notoriedad no ha dejado de aumentar desde su desaparición y actualmente Jean-Luc Lagarce es considerado como un autor clásico contemporáneo, a semejanza de Bernard-Marie Koltès (muerto de sida poco antes que Lagarce), a quien la notoriedad le llegó antes gracias al prestigio de Patrice Chéreau, que era quien montaba sus obras. En cambio, Lagarce montaba las suyas.

Si Lagarce no ha sido reconocido mientras estuvo vivo como un autor importante, es porque el lenguaje teatral de sus obras era demasiado opuesto, demasiado innovador. Actualmente, es uno de los autores preferidos de los cursos de arte dramático, un autor querido por multitud de aficionados y cada vez más estimado por los mejores directores de todas las generaciones. Se encuentra traducido a unas quince lenguas. Los coloquios, los estudios universitarios y las publicaciones se multiplican. En 2008, una de sus obras será estrenada en la sala Richelieu, el gran escenario de la Comédie-Française.

Jean-Luc Lagarce nació el 14 de febrero de 1957 (habría cumplido, pues, 50 años en el 2007), en la región de Montbéliard, en Franche-Comté (al este de Francia). Pasó toda su juventud en Valentigney, un pequeño pueblecito, feudo de fábricas de automóviles y bicicletas Peugeot donde sus padres trabajaban como obreros; es también el vástago de una cultura protestante. En el colegio, una mujer, profesora de francés y latín, inicia a los alumnos en el teatro: Lagarce a los 13 años escribe para la clase su primera obra (perdida en la actualidad). A los 18 años, con el bachillerato en el bolsillo, se va a vivir a Besançon, la gran ciudad de la región. Se inscribe en la facultad de filosofía y en el conservatorio de arte dramático de la ciudad. Pronto, junto con algunos alumnos del conservatorio, funda una compañía de aficionados, La Roulotte, nombre que rinde homenaje a Jean Vilar. Paralelamente, Jean-Luc trabaja en una tesina sobre el tema “Teatro y poder en Occidente”. Algunos años más tarde, abandona la universidad, sus estudios (y un trabajo que estaba haciendo sobre el marqués de Sade) para consagrarse enteramente al teatro: su compañía se hace profesional. La Roulotte tiene su base en Besançon, pero el único lugar propio con el que cuenta es una oficina. Ensayan donde pueden y son acogidos mientras dura el espectáculo en los teatros de la ciudad. A partir de ese momento, Jean-Luc Lagarce llevará una doble vida: la de autor y la de director de teatro.

La compañía de La Roulotte será subvencionada progresivamente por las colectividades locales, por las regionales y, pronto, por el Ministerio de Cultura. Como autor, Lagarce recibirá el apoyo de Théâtre Ouvert, un organismo subvencionado con base en París, que pretende hacer que se conozca mejor a los autores de teatro contemporáneo. Obtendrá también varias becas del Ministerio de Cultura. Por otro lado, algunos teatros le encargarán obras.

Teatro y poder en Occidente empezaba con el teatro griego, pasaba por el siglo clásico (el siglo XVII), se daba una vuelta por Chejov y terminaba con algunos grandes nombres del teatro de los años cincuenta: Ionesco, Genet y Beckett. ¿Cómo escribir después de ellos? Lagarce se formulaba esa pregunta. Comenzará poniendo su atención en Ionesco y escribiendo algunas obras marcadas por el teatro del absurdo (entre ellas, Error de construcción, Cartago, aún); reivindicando abiertamente la herencia que hace referencia a La Cantante Calva, obra que el director Lagarce montará mucho más tarde con gran éxito. Su obra Los Servidores recuerda en cierto sentido a Las Criadas de Jean Genet. En cuanto a Beckett, Lagarce montará en sus comienzos tres de sus obras cortas después de haber puesto en escena varios montajes a partir de textos de la Antigua Grecia: Clytemnestre, después Ellas dicen..., espectáculo inspirado en la Odisea, historia del regreso de Ulises a su tierra natal. Este tema será recurrente en varias de sus grandes obras.

Viaje de la Señora Knipper hacia la Prusia Oriental, su primera obra montada en París, hace referencia a Chejov. Es una pieza donde Lagarce afirma su universo y trabaja su estilo. El lugar donde transcurre la acción es “el escenario desnudo de un teatro”, todos los personajes tienen en común el ser vagabundos: huyen de la guerra de alguna parte de Europa. La guerra no está nunca presente en la obra de Lagarce, pero ronda muchas veces entre bambalinas. Esta estructura se encuentra en Vagos, recuerdos del año de la peste, donde un grupo de personajes huye de la peste que azotaba Londres. Los personajes, en este ir de un sitio para otro, hablan de su vida pasada. No pasa nada o casi nada en las obras de Lagarce. La intriga es la parte menos importante, todo se centra en la lengua, la palabra, lo dicho, en cómo decirlo y en lo no dicho.

Knipper es una actriz. El mundo del teatro, las giras, las bambalinas están en el centro de varias obras como Music-hall (una artista acompañada por sus dos “boys” repite una y otra vez sus giras), Hollywood (inspirada en el mundo del cine y en la literatura americana, comenzando por Fitzgerald, la obra mezcla personajes de novela con otros reales), Nosotros, los héroes (que hace referencia al Diario de Kafka, y evoca la vida de una “troupe” de gira por Europa central la víspera de una guerra). Jean-Luc Lagarce había escrito esta última obra para los actores de su exitosa puesta en escena de El enfermo imaginario de Molière. Y es inspirándose en un viejo manual como Lagarce escribirá Las Reglas del saber vivir en la sociedad moderna, obra para una actriz.

Historia de amor (recopilación), El saxo, novela e Historia de amor (últimos capítulos), forman una informal trilogía intimista de una historia entre dos hombres y una mujer a través del tiempo. Volvemos a encontrar a ese trío en Últimos remordimientos antes del olvido: uno de los hombres se ha casado, la mujer también, han tenido hijos, el otro hombre se quedó en la casa donde los tres vivían hacía mucho tiempo. Todos se reúnen con sus cónyuges y con la hija de una de las parejas, para vender la casa. Se volverán a ir sin haber decidido nada. De lo íntimo se pasa a un cuadro de una sociedad determinada.

Varias obras como Regreso a la ciudadela, El ejercicio de la razón (inédita hasta el 2007) y Los pretendientes pintan un cuadro satírico de los lugares de poder que favorecen un nombramiento. Se nombra un nuevo gobernador, un nuevo director, la obra se sitúa ahí, en ese momento de la caída de la investidura, entre lo antiguo y lo nuevo. El humor y la mirada cáustica de Lagarce resultan aquí una buena unión; pero ese humor se encuentra por todas partes, incluso en sus últimas obras, más sombrías, ya que se trata de un niño que vuelve al país natal al aproximársele la muerte. Que ese regreso sea hipotético o soñado -como en Estaba en mi casa y esperaba que la lluvia viniese, donde cinco mujeres esperan el regreso de un hermano, de un hijo que se ha ido hace mucho tiempo-, o efectivo -como en Justo el fin del mundo, que tiene lugar en un círculo familiar-. En El país lejano, ese círculo se une a la otra familia, aquella que el héroe ha elegido para sí: amantes (hombres y mujeres), amigos. Jean-Luc Lagarce terminará esta obra, la última, quince días antes de su fallecimiento. Cuando se leyó, algunos meses después de su muerte, produjo al principio un shock emotivo. Luego, rápidamente, éste se convirtió en admiración.

Jean-Pierre Thibaudat


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